El Salón de Actos de nuestra institución volvió a convertirse en un faro de divulgación histórica con la celebración de la conferencia «Pioneros del Comercio Marítimo de Cartagena: la Compañía Cartagenera de Navegación», impartida por el destacado marino, historiador y académico don Diego Quevedo Carmona.
El acto, presentado por don Andrés Hernández en sustitución de Tomás Martínez Pagán, reunió a una nutrida representación del ámbito cultural, intelectual y social de la ciudad. Durante la presentación se ensalzó la impecable trayectoria de Quevedo, quien en 2026 se incorporó como consejero al Instituto de Historia y Cultura Naval, y su crucial papel en la preservación de la memoria naval española y la figura de Isaac Peral.
El nacimiento de una ambición marítima
El conferenciante transportó al público a los últimos años del siglo XIX y principios del XX, una época en la que la Revolución Industrial transformó los tradicionales paillebotes de madera en colosos de vapor y acero. En este contexto de efervescencia comercial y minera, el acaudalado empresario Celestino Martínez Vidal promovió una iniciativa pionera: dotar a Cartagena de una naviera propia para dar salida exterior a los excedentes agrícolas y mineros de la comarca.
Como feliz coincidencia histórica, Quevedo recordó que la comisión organizadora de la naviera se constituyó formalmente en los salones de esta misma Real Sociedad Económica de Amigos del País el 27 de septiembre de 1900, bajo la primera presidencia del almirante Pascual Cervera.
Para abaratar costes (un 30% menos que en los astilleros españoles), la compañía encargó la construcción de cuatro buques cuatrilizos a los astilleros escoceses de Grangemouth. En un claro homenaje a su identidad local, los vapores de 2.000 toneladas fueron bautizados con los nombres de los cuatro santos cartageneros: San Leandro, San Isidoro, Santa Florentina y San Fulgencio. Los barcos lucían en su chimenea y bandera el castillo de Cartagena sobre un ancla, paseando el nombre de la ciudad por Amberes, Londres y Newcastle en una ruta regular de cítricos y carbón.
El trágico impacto de la Gran Guerra
La prosperidad de la joven naviera se truncó abruptamente con el estallido de la Primera Guerra Mundial y el inicio de la guerra submarina indiscriminada por parte de Alemania. A pesar de que España era un país neutral y de que los buques contaban con salvoconductos expresos de la embajada alemana, los U-boots germánicos no tuvieron piedad.
- El San Leandro fue la primera baja, cañoneado y hundido en el Canal de la Mancha el 2 de enero de 1917 por el submarino U-70.
- El San Fulgencio corrió la misma suerte apenas tres meses después, el 9 de abril de 1917, hundido por el U-71 entre Nantes y Burdeos con más de 2.000 toneladas de carbón a bordo.
Afortunadamente, en ninguno de los dos ataques se cobraron vidas humanas y las tripulaciones fueron rescatadas. La naviera se volcó en la recolocación de sus marineros, pero el golpe financiero fue mortal: las acciones de la compañía se desplomaron en picado de 500 a apenas 27 pesetas.
Disolución y el misterio de los azulejos
Ante el peligro del norte de Europa, los dos barcos supervivientes se replegaron al comercio de cabotaje en el Mediterráneo, una actividad que resultó deficitaria. En 1919, la compañía se disolvió tras vender el San Isidoro y el Santa Florentina por 5,5 millones de pesetas. Este último demostró ser el más longevo de la flotilla, cambiando de nombre en numerosas ocasiones hasta su desguace definitivo en Castellón en 1937, durante la Guerra Civil.
Como broche final a la charla, Diego Quevedo mostró el único vestigio material que ha sobrevivido de aquella aventura empresarial: dos valiosos paneles de 32 azulejos policromados, obra del artesano de Manises Francisco La Huerta, que decoraban la finca de recreo de Celestino Martínez y que recientemente fueron vendidos por un anticuario a un comprador anónimo. Tras un emotivo aplauso, el acto concluyó con la entrega de un reconocimiento institucional al conferenciante por su labor incansable en rescatar del olvido los episodios que forjaron la identidad de Cartagena.










Fotografías: Angel Maciá y RSEAPC.